Libre y Fluido equilibrando la Relación Tonal y Nahual

Durante la pasado Festival Sabiduría del Montseny compartí una charla titulada Chamanismo siglo XXI sobre la relación del Tonal y el Nahual que teje los hilos constructores de nuestra vida.

“Cada ser humano tenía dos facetas, dos entidades distintas, dos contrapartes que entraban en funciones en el instante del nacimiento; una se lla­maba “tonal” y la otra “nagual”. 

 Según Matus, el TONAL, es el organizador del mundo cotidiano, el tonal  se encarga de poner orden el caos de este mundo material, todo cuanto sabemos y hacemos como hombres es obra del tonal. Todo lo que podamos nombrar, verbalizar o definir, es parte del Tonal. Todo lo que podamos captar a través de los sentidos es parte del tonal. El tonal  empieza con el nacimiento y acaba con la muerte. Existe un Tonal para cada uno de nosotros y hay otro colectivo , formado por la cultura de un lugar y que se sostiene en el tiempo.

Podría definirse al Tonal como una “isla” en la cual acumulamos una cantidad de objetos innecesarios, que acaparan nuestra atención. La “isla” es considerada como lo único que existe, cualquier indicio proveniente de ”afuera de la isla” (del nagual), es desechado por el Tonal, que se empeña en negar la existencia del “exterior” , para esto utiliza una poderosa herramienta que de la que dispone: la razón.

La limpieza de la “isla o Tonal”, de todo lo innecesario (emociones densas: rabia, celos, ira, etc. hábitos dañinos: tabaco, alcohol, drogas etc. rutinas etc.), es la primera tarea en que debe abocarse un aprendiz, con esto obtendrá un ahorro de energía formidable, que le permitirá desarrollar una visión que abarque “más allá de la isla”, que le permita capturar las sutiles señales que provienen del exterior, del Nagual.

 

Artwork NO to GMO by Mear One

 

El Nagual es esa parte nuestra con la cual nunca tratamos. Es nuestra parte “mágica” a la cual rara vez accedemos, al contrario de la razón y el intelecto, su esencia reside en el ámbito de la creatividad, de la fantasía y de la intuición.

Al comienzo hay que hablarle al tonal. El tonal es el que debe ceder el control. Pero hay que hacer que lo ceda con alegría. En otras palabras, se hace que el tonal abandone cosas innecesarias, como el sentirse importante y el entregarse al vicio, las cuales sólo lo hunden en el aburrimiento.

Todo el problema es que el tonal se aferra a esas cosas cuando debería dar las gracias por liberarse de ellas. La tarea entonces es convencer al tonal de que se haga libre y fluido. Eso es lo que un guerrero necesita antes que nada: Un tonal fuerte y libre. Mientras más se fortalece, menos se aferra a sus hechos y más fácil resulta encogerlo.

El tonal se encoge en determinados momentos, sobre todo cuando se apena. Una característica del tonal es la timidez. Hay ciertas ocasiones en las que el tonal es tomado por sorpresa y su timidez, inevitablemente lo encoge.

Hay que proteger al tonal a toda costa. Hay que quitarle la corona, pero debe permanecer como el supervisor protegido. Cualquier amenaza para el tonal resulta siempre en su muerte, y si el tonal muere, muere también el hombre. A causa de su debilidad nata, el tonal se destruye con facilidad, y así una de las artes del guerrero es hacer que el nagual emerja para apuntalar al tonal. Es un arte porque sólo tirando al tonal hacia arriba puede emerger el nagual.

Ese tirón se llama poder personal.

Don Juan le dice a Castaneda que un guerrero no puede andar con lamentos y quejas, porque su vida es un desafío interminable, y no existen formas para que los desafíos sean bonitos o feos, buenos o malos. Los desafíos son sencillamente eso, desafíos. Allí radica la diferencia entre los hombres comunes y los guerreros. Mientras que para los primeros el mundo está lleno de bendiciones o maldiciones, para los segundos es un desafío interminable donde está a prueba su impecabilidad.

Don Juan explicó que, empleando la conciencia acrecentada y a través de miles de años de tremendos esfuerzos, los brujos obtuvieron un conocimiento específico y al mismo tiempo incomprensible acerca del intento; y que habían pasado ese conocimiento de generación en generación hasta nuestros días. Dijo que la tarea principal de la brujería consiste en tomar ese incomprensible conocimiento y hacerlo comprensible al nivel de la conciencia cotidiana.

A un guía se le llama “nagual” y el nagual es un hombre o una mujer dotado de extraordinaria energía; un maestro dotado de sensatez, paciencia e increíble estabilidad emocional; un brujo, al cual los videntes ven como una esfera luminosa con cuatro compartimentos, como si cuatro esferas luminosas estuvieran comprimidas unas contra las otras. Su extraordinaria energía les permite a los naguales intermediar; les permite ser un viaducto que canaliza y transmite, a quien fuera, la paz, la armonía, la risa, el conocimiento, directamente de la fuente, del intento.

Son los naguales quienes tienen la responsabilidad de suministrar lo que los brujos llaman la “oportunidad mínima”: el estar consciente de nuestra propia conexión con el intento.

El camino del guerrero es armonía entre las acciones y las decisiones, al principio, y luego la armonía entre el tonal y el nagual.

Un empujón es la técnica para encoger el tonal. Hay que empujar en el momento preciso y para ello uno debe saber como “ver”.
Una vez que un hombre ha sido empujado y su tonal se encoge; su nagual, si es que ya está en movimiento, toma las riendas y realiza hazañas extraordinarias.

Los asuntos del nagual sólo pueden atestiguarse con el cuerpo, no con la razón.

Nuestro error es que insistimos en permanecer en nuestra isla, monótona y fastidiosa, pero conveniente. El tonal es el villano y no debería serlo.

Somos seres luminosos y fluidos hechos de fibras. Cuando el tonal se encoge, son posibles cosas extraordinarias, pero son sólo extraordinarias para el tonal.

El tonal debe convencerse con razones, el nagual con acciones, hasta que uno apuntale al otro. El tonal gobierna, pero aún así es muy vulnerable. El nagual en cambio nunca o casi nunca actúa, pero cuando lo hace aterra al tonal.

Tote Tamayo

Textos extraidos de las enseñanzas de Don Juan compartidos en los libros de Carlos Castaneda

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